Dar que escuchar y escuchar el don
De esto se trata hoy la investigación
Tras el trayecto de lo singular, adviene la ocasión de pensar de nuevo. Esto nos lleva a una decisión inaplazable, o estamos a la altura de lo que acontece, de la creación y de la afectividad, o seguiremos produciendo investigaciones que dejan pasar lo que entre nosotros puede ser la potencia, el cuerpo y los devenires de la multitud. Lo que intento, cuando me pongo al borde de lo desconocido, en un diálogo amistoso entre el estado de ánimo y las afecciones que me desbordan, es experimentar inéditos estados que incorporan la dimensión ontológica y erótica en el ejercicio y práctica de la investigación. Suena quizá en este desdoblamiento, en donde habito entrañablemente lo más próximo, un cántico que al salir de mi boca, me sacude e intenta sacudir a los que se acercan a los umbrales donde resuena íntimamente lo que es más cuando es compartido. Pero quién cuida esta experiencia en el límite,... quién se expone radicalmente con otros,... qué queremos saber si aún no sabemos las potencias de la singularidad,... cuándo intentamos pensar a qué experiencia estamos aludiendo,... qué matices se ven implicados e impelidos entre nosotros cuando enunciamos educación, política y subjetividades.
Estas cuestiones, inactuales como todo acontecimiento que hace pensamiento, invocan otros rasgos un poco descuidados en la experiencia de investigación. Los debates son de índole diversa, epistemológicos, metodológicos y tecnológicos, pero lo que al movimiento coextensivo de la singularidad se refiere, la investigación está aún por-venir. Cuando expreso esto, lo que a primera vista pienso, es que la investigación, como en mí ha recabado y las trazas del tiempo lo muestran, es que se trata de una experiencia que nos hace, nos desliza, quizá nos torna más fluidos y en esta imperceptibilidad indagar y crear con los otros una plataforma para el despliegue. Pero tendría que agregar que este estado de excepción no ha sido tanto una prescripción, ni una demanda, como un movimiento de descifrar lo que nos pasa en una contingencia determinada. Los otros, comunidad afectiva, de una amistad ilimitada, en el ejercicio de lo que aquí connota investigar, se han dado también en el desafío de ponerse en camino preguntándose por lo que pasa por y con la investigación y lo que pasa por y con nosotros aquí y ahora.
A este lo venimos denominando micropolíticas de la investigación, que es el contrapunto de una subjetividad que se pone en lo desconocido, intentando habitar gozosamente el resto de humanidad que le queda. Micropolítica alude entonces a cierta experiencia de comunidad, en donde lo que se siente, lo que pulsa las entrañas, lo que nos invita al pensamiento y la creación, está cerca del otro en cuanto cómplice de una vivencia común. La comunidad no es propiedad, ni sustancia, nos pertenece en cuanto ejercemos y cultivamos la amistad, que no es un atributo sino un cuidado de lo que nos sostiene. Y como lo que nos sostiene son nuestras afecciones, nuestras inclinaciones, la comunidad de investigación, porta y padece al otro más que en su diferencia, en su excepcionalidad. Dimensión ética y política de la experiencia investigativa, que fragua en común tanto modos de coexistencia, como inéditas relaciones con la realidad que vivimos.
Uno de los hallazgos de esta curiosidad que nos hace comunes, nos fue brindada por cierta resistencia frente a la reducida condición para construir lo común en los espacios de formación en que cada uno de nosotros se encontraba. La disciplina, el saber instituido, los afanes de la alfabetización entraba en su ocaso y por otro lado, los sujetos singulares, sus experiencias iban tomando cuerpo, se iban contagiando levemente por un estado de ánimo entusiasta que nos ponía en el afuera radical con los otros de formas inusitadas. A esta relación paradójica, en donación radical de afectos, donde cada vez padecíamos la pasión de la pregunta, sus encarnaduras vitales, y con mayor acento, el encuentro donde el sentido ausente, dibujaba las siluetas del acontecimiento, es lo que podría hoy contarles a ustedes como micropolíticas de la investigación.
Precedentemente vinculamos otros matices que no son imperativos, sino elecciones compartidas, fragilidades expuestas, que tienen a lo imposible como su desafío. No sé si lo que vengo exponiendo llegue a evocar algo, una clave distinta a los que hoy comparecen como legisladores de los contenidos, a los que se apropian de lo real, a los funcionarios de la verdad; tal vez, estas puntadas de escritura, este bordado sutil es hoy gesto, caricia, sísmica y no tienen una perspectiva ampulosa de ser una alternativa en el campo educativo, ni su alcance como norma, currículo, plan, proyecto, entre otros. Lo que late en la superficie es el susurro para los que hoy se aventuran en lo desconocido, intentando con sus intuiciones y pulsiones vitales avistar los tesoros magmáticos que habitan en el entre de la comunidad. Esto quizá es lo desconocido de la comunidad como una comunidad de lo desconocido. La investigación bebe mucho de estas cuencas fluidas, o para nosotros ha sido así.
Qué connota estar investigando entre singularidades que se disponen a componerse en la trama de sus afecciones, en la fragilidad del acontecimiento que les concita y concierne. Pregunta provocativa y osada. Pregunta que hay que hacerla para que nos haga, para que no pase nada en vano entre nosotros. Esto último se coliga con la investigación como una experiencia, como una travesía con los otros, cómplices en el pensar y en el crear. No basta sólo conocer, los hilos de esta sutil experiencia reclama en coro mucha poesía, ritmo, ensayo, exposición, proximidad, intimidad, pensamiento jovial. No hemos estado tan contentos como quisiéramos en los rituales de la alfabetización, ahora nos seduce la composición como ejercicio inmanente y como expresión saludable de la vida vivida. La figura, la fórmula que nos concierne, nos provoca malestares, ha sido heredada de la espera, el epigonismo, la erudición, los totalitarismos, la teoría, y las catástrofes que enfrentamos a cada momento como fatalidad.
Somos también herederos de las rupturas y es a ellas a las que dedicamos todo nuestro aliento vital, son estas experiencias y metáforas de lo que implica el gesto investigativo a los que nos sentimos convocados hoy. A esta fiesta, a estos rituales de la inteligencia compartida, a esta estética de la existencia, al reparto de perplejidades y horizontes hemos puesto el oído y el tacto necesario, la escritura abierta, los efectos de sentido que allí se suscitan. No queremos que nuestras intuiciones, los sabores de la lengua que recorren efímeramente nuestras conversaciones, se vean impugnados por la claridad, las ideas estrictas y conceptos inequívocos de un pensamiento que no encarna, que no intensifica la experiencia, que no provoca otras gestualidades.
La investigación ha sido entonces el ejercicio de jugar con las metáforas que en la multiplicidad y sus dobleces, nos abren a otras relaciones, nos invitan a captar la fuerza del entre, en una política menor y no por ello desentendida de los avatares de nuestra condición histórica. A la comunidad de escritura, le conciernen hábitos y hábitats en donde lo sentido hace sentido, en donde los géneros menores como la anécdota, la metáfora, la carta, el cuento, los órdenes frágiles de biogramía, contienen constelaciones de abigarrada complejidad y se yerguen como pulsiones valientes en la composición. En esto somos contemporáneos de nuestras intensidades, de los lenguajes gestadores de realidad, de los pensamientos cuya atmósfera expresiva es la lengua, de la creación como intensidad erótica y ontológica que es siempre para nosotros híbrida, dúctil, azarosa y sorpresiva.
Rasgos de una escritura curiosa, palpitante, donde se entraña en lo íntimo, que es el lugar del reparto cómplice, las expansiones de la metáfora que somos nosotros mismos.
Rasgos de una experiencia sensible que abre sentidos contemporáneos, comprendida bajo la estela anterior, que nos abre en la medida que participamos de esta fluctuación encadenada, en red. No concebimos hoy una investigación que no esté conectada a estos bordes intrínsecos de la experiencia y con mayor razón que no ensaye otros modos de colocación de los hallazgos. A este nexo insondable para los que se abisman en estos registros, el pensamiento, lenguaje y realidad, se mezclan en fuerza expresiva con la intención de dar ritmo a la multiplicidad y también para habitar las proximidades entre pensar y poetizar.
Si hemos sido convocados a esta experiencia, ha sido en clave de constituir tramas en donde la vida se ensanche y las potencias de actuar en común comparezcan en el tejido micropolítico. La investigación entonces, nos es dable pensar, se legitima en jurídica vital, en el cultivo y el ejercicio de la vecindad, el pensamiento, las afecciones y la experimentación; estos son modos de existencia que implica la práctica investigativa.
Más que un inventario, estas puntadas de escritura muestran cierta honestidad y ética de lo que me ha venido pasando, o mejor, los afectos que me han atravesado y se puede percibir, en una especie de lectura pasiva la sinuosidad de sus trayectos. La metáfora como lugar intermedio, oscilante, umbral en donde el gesto filosófico y poético conversan, es algo que hace un tiempo convoca mi cuerpo y su salud. Los textos fronterizos, los que suenan a algo, los que experimentan con radicalidad el lenguaje, los que titubean, recaban por otro gesto de escritura, los que desafían a los lectores, allende de lo cognitivo y cerebral, los que insinúan paisajes que desbordan al pensamiento, los que sobrepujan para que la metáfora emerja y con ella nuevos modos de percibir, pensar y habitar, son entre otros los que concitan mi atención.
He tenido como desafío, estar a la altura de las experiencias, del acontecimiento, del magma de la creación, cuestión que me ha orientado en la necesidad de recorrer un camino diferente del teorético, filosófico, rigor científico para explorar lo insondable, en una experiencia abisal de escritura. La metáfora es vínculo y apertura, ocasión de aprendizaje, tensión donde lo otro, esmeradamente otro adviene. Es por esto que el título de este escrito más que una promesa inasible es ahora nuestro envite común.
Lo anterior, acude a unas pocas insinuaciones de lo que fue mi investigación, la creación por la metáfora o la metáfora por creación, que se desligó de un trabajo más amplio, el de las estéticas e imágenes del pensamiento que aún me mueven.
Igualmente, la Revista Magma en su número3, intenta abrir el espacio para que estos rasgos tomen cuerpo en la escritura. Este ha sido un lugar de encuentro, un cuerpo de escritura, un lugar de paso donde transita el pensamiento fronterizo y por donde tomamos aliento para devenir.
Después de este apretado tono, en donde intenté compartir el límite y el horizonte en donde me he venido moviendo, quisiera para terminar, hablar un poco sobre lo que nos tiene aquí, el proyecto-trayecto de investigación.
La investigación que orienta mis estudios de maestría en Educación, circula de un modo próximo frente a las estéticas vitales del pensamiento contemporáneo y en ellas su relación con la producción de experiencias de formación en donde los sujetos singulares puedan hacer con sus afecciones (acogerlas y problematizarlas en vecindad) como lo hace de cierto modo la experiencia del arte, los estados de oscilación del sujeto en la contemporaneidad. Y conectada a esta cuestión, está también la de cómo, a partir de estas experiencias límites, micropolíticas de la composición, podemos pensar el acontecimiento pedagógico en el encuentro con una escritura, una vida y un pensamiento otro, que produzca los efectos sísmicos y empiece a ver en la formación como composición singular de inéditas subjetividades, de trabajo afectivo, inmaterial y cooperativo como señalan los autores de Imperio.
En ese sentido, mis pulsiones investigativas, se ocupan de pensar cómo podría configurarse, ensayarse una relación, una comunidad, una ética y estética de la existencia, una escritura, una pedagogía para la producción de espacios de formación capaces de acoger a las subjetividades en su ser singular en el encuentro con el pensamiento crítico-poético y la experimentación compartida.
El arte y el pensamiento intempestivo, convocan a este trabajo en la medida que nos pone ante un espacio de incertidumbre, gozoso y potente en donde la formación, la micropolítica, la ética, la investigación, las comunidades creativas, se ven embragadas por otros contenidos y experiencias emergentes.
El sentido es publicar un libro, escrito con imágenes y pintado con palabras, en donde a modo de ensayo, escritura desdoblada en matices de pensamiento poético, se puedan articular algunos de estos rasgos desafiantes para la constitución de subjetividades hoy.
La apuesta por lo vital conjuga los géneros menores en donde más que hablar con conceptos, se trata multiplicar las trayectorias vitales, intensificar la experiencia y sus dobleces, es decir, su intimidad. Al lado de Derrida, una figura sorpresiva y sísmica, concibo “que el pensamiento es como un espíritu, como un alma, cuyo cuerpo es la lengua”. No anticipo el recorrido, dado que toda investigación implica cierto nomadismo, un salirse de sí mismo y encontrarse en las creaciones plurales; sólo les anuncio, les comparto para que pensemos algunas exigencias a las que se ve abocada mi investigación. Lo que intento con este primer ejercicio de escritura, es estimular la escucha entre nosotros, como comunidad de investigación en red, para que puedan emerger coloraciones de los trayectos y poder coger el impulso y el estado de ánimo necesario para arrojarnos a nuestras pulsiones investigativas que son las que nos inclinan en la vida, nos agitan e intensifican nuestras experiencias como habitantes del planeta, siendo estas capaces de entrever nuestro presente potencial.
Me despido por hoy con una invitación. Por qué no, hacer de nuestro seminario Proyecto de Investigación, el lugar donde dejándonos habitar (tatuar) por el otro, en su pensamiento, historia, escritura y en lo más entrañable, poder realizar, como contaba un pensamiento amigo y amigo del pensamiento, “ir re-creando en ritornelos el proceso colectivo que devenirá, a su tiempo, en “proyecto”, pero además, y que es lo que hace posible lo anterior, en (trayecto) la composición de una historia inédita de nosotros mismos. Para esto los pasaportes son: navegación, exposición, conexión, lenguaje, escritura, lectura de lo más próximo, escucha, despliegue, también santo y seña de la investigación.
ANDRÉS DAVID FONSECA
conformante del colectivo Magma
Maestría en Educación
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