Es la creación del nosotros, lo que ahora (nos) desafía.
Hace unos tiempos eran las luces, hoy no bastan tanto las ideas, como la composición, la cartografía de un territorio existencial inédito. Para esto, unas breves puntadas que recogen una nueva entrada a la constitución de subjetividades: los nuevos medios que instauran nuevas relaciones emergentes, culturales si se quiere más que sociales.

Siento por el momento una honesta disposición de conjugar las micropolíticas o la gesta del bios, del entre, con las dimensiones ontológicas del ser conjunto cuestión que ejercen en mí un desplazamiento de mi itinerario investigativo.

Crear moradas, TAZ, más que buscar una adecuación entre la realidad, las vivencias y lo que adviene con el nosotros. Dejar huellas, crear efectos, más que ir tras los vestigios. Es en este sentido una topografía nueva en relación con la investigación misma que irrumpe en el problema de la formación. Hasta ahora creo que vamos muy rápido, pero la cuestión es de una puerta que deja pasar una luz opaca, un destino entusiasta.

La inteligencia compartida, los modos del nosotros y los contenidos emergentes que aquí se producen, connota en mi experiencia toda una oportunidad insospechada de relaciones en un tiempo ya demasiado diagnosticado. Hoy pienso más en los usos, en la experimentación compartida, en las micropolíticas del deseo y de los lenguajes que se dispersan gestando un escenario bastante interesante para los que trabajamos en la producción inmaterial. Estas herramientas, o porque no decirlo, estos modos de vida, de relacionarnos, encarnan posibilidades para los sujetos en relación con la experiencia del habitar el planeta tierra.

Mis intuiciones interrumpen el retrato, el calco en el cual nos identificamos, para transitar a una globalización de las experiencias, de la creación y el pensamiento para hacer visible la diferencia que nos constituye. Pero quiénes habitan esta diferencia, quiénes, mejor decirlo, la asumen con coraje y soberanía.

Pienso que la red, igual que las nuevas tecnologías de la información, son ante todo otros modos de visualizar esta diversidad de relatos, de formas de pensar y vivir, en un tiempo donde parece que no pasara nada. Las frustraciones vienen de la mano de una exacerbada presencia de la representación política, de las mallas que filtran las potencias de la invención, del ocaso de un Estado que para muchos todavía sobrecoge la importancia de una utopía irrenunciable.

Hoy pienso en dar relevancia a la inmanencia del nosotros, inaplazable ante los desprestigios del lenguaje y de sus potencias constituyentes. Aquí se gana en intensidad, al precio de ceder un poco la luz, que a lo mejor sus destellos insolentes no hacen sino mantener una inercia bastante inicua para nuestros tiempos y que se ejecuta a través de impertinentes moralismos o mediante la impronta de lo que es posible y no de hacerse y de pensarse. Pero creo que hace tiempo venimos insinuando nuevas entradas, abriendo puertas, olfateando y potenciando la capacidad de lo que hace sentido, pero que a los profetas resultan poco conmovedoras. No importa, pero el camino nos va agitando las pasiones de lo que hoy denominamos el gesto micro de la política y es la producción del entre, la exhortación de la comunidad.

Estos nuevos escenarios, pueden ser potenciados por el trabajo en red, por la inteligencia colectiva, por las nuevas rutas de la potencia que están en ciernes en los contenidos que brotan de este singular trabajo. De lo que se trata ahora es de multiplicar esa diferencia que hoy empieza a centellear, de dispersar los saberes y dejarlos a la intemperie y el nomadismo de sus usos, de hacer diversificar experiencias y espacios de acción micropolítica, para que en los umbrales de la subjetividad se experimenten con los otros nuevas destinaciones y relaciones en este tiempo que hoy nos interpela.

Para nosotros, la diversidad de contenidos es una virtud, no un problema; la diferencia no sólo basta para engendrar experimentaciones en el trabajo político, sino también como heterogénesis de nuevas prácticas culturales. Es por esto que es inevitable para nuestro itinerario investigativo, asumir las tensiones que las nuevas tecnologías nos presentan en relación ontológica, política y formativa para el espacio en el que queremos sumergirnos. Ya como antes decía, no se trata tanto de encontrar salidas, cuestión que casi siempre nos lleva a un determinismo perjudicial para lo que estamos exponiendo, sino de entradas hasta el momento inauditas para las cartografías contemporáneas de la subjetividad.

Sé que quiero abordar este espacio, pero confieso que son unas puntadas poco claras, aunque como me refería anteriormente no es este nuestro problema. La consulta de sitios web, blogs me han dado que pensar, qué compartir, en esta topografía emergente de conocimientos nómadas, bibliotecas virtuales, ediciones colaborativas, espacios de arte y pensamiento, páginas de escritores que hasta el momento son cómplices de este murmullo anónimo.

También autores como Pierre Levy, Donna Haraway, Bruno Latour, Félix Guattari, Gilles Deleuze entre otros,... pueden ser inicialmente cómplices para las relaciones que quiero insinuar.

En el horizonte de este subyacen las relaciones entre el arte y el pensamiento, la experiencias, el lenguaje y los acontecimientos en el campo de la constitución de subjetividades. El ámbito formativo se ve interpelado en este tinglado que hasta el momento empieza a mostrar sus rasgos intensivos, pero sé que va acompañado de varias apuestas que más adelante presentaré en concreto. Si es importante este trabajo es en cuanto da qué pensar y experimentar en un tiempo donde la subjetividad se ve amenazada, sumergida en una inercia, resentimiento y fatalismo.